La ventana de la esperanza

diciembre 28, 2020

Caminando sin rumbo, ensimismada en mis pensamientos, me descubro en un barrio muy pobre, que contrasta notablemente con las alegres calles de Trinidad, llenas de colores, música y sonrisas.
Ahora, a pocos pasos del bullicio de los turistas, no se oyen apenas ruidos.

La gente sale a la calle por el calor y deja las puertas de las casas abiertas, dejando así entrever, que ocurre en su interior.

Hogares a medio acabar, viejos y grises, televisores antiguos y suciedad.

Casi siempre una mirada de ojos penetrantes escudriña desde el interior qué ocurre fuera, y, al cruzar miradas, ambos tratamos de adivinar cómo será la vida al otro lado.
Brígida y Arsenio, alegres, saludan a los viandantes desde su ventana.
Brígida necesita infiltrarse en las rodillas y no puede andar, por eso se pasa el día sentada junto a la ventana, única fuente de luz de la casa. Arsenio, apenas sale para comprar tabaco, comida y ron, el resto del día se sienta con ella.

Comentan ilusionados que es posible que contraten a Arsenio en un nuevo hotel que están en construcción, y me cuentan cómo arreglarán la casa cuando eso pase.

Sueñan juntos y esperan, esperan y sueñan.

 

 

Historia perteneciente al proyecto Miradas Olvidadas.

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